2 de noviembre | Pamplona, Navarra
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🎙 «No soy un psicópata»
Lo importante. El cómico y presentador estadounidense Hasan Minhaj publicó la semana pasada un vídeo de más de 20 minutos en respuesta a un comentado reportaje del New Yorker que investigaba si las historias que cuenta en sus monólogos son ciertas.
Minhaj utiliza en sus actuaciones elementos autobiográficos como ciudadano de origen indio y musulmán para denunciar el racismo, la desigualdad y las injusticias sociales contra las minorías de Estados Unidos.
En su vídeo, dice estar de acuerdo con el debate propuesto sobre la legitimidad de ficcionalizar su vida para un show de humor, pero también político, como el suyo.
Por contra, no acepta lo que considera el retrato que le caracteriza como un «psicópata» y una manipulación de lo que él mismo contó y documentó a la periodista Clare Malone.
El intercambio de publicaciones puede ser un ejemplo de las nuevas dinámicas del ecosistema mediático y comunicativo contemporáneo, donde la capacidad de respuesta de los protagonistas de la información ha cambiado.
Contexto. Hasan Minhaj dio el gran salto a la fama como corresponsal desde 2014 de The Daily Show, el exitoso noticiario satírico de Comedy Central. Su desempeño y carisma le brindaron la oportunidad de tener su propia carrera en solitario con varios programas para Netflix.
En primer lugar, ha grabado dos especiales de sus ácidos y personales monólogos, cuyas historias han sido el objeto de la investigación del New Yorker: Homecoming King (2017) y King’s Jester (2022).
En segundo lugar, en 2018, estrenó su propio formato de información con humor llamado Patriot Act: episodios de unos 30 minutos en los que se profundiza en un tema de actualidad a través de un delicado equilibrio entre humor, rigor y compromiso político.
Tanto Homecoming King como Patriot Act fueron reconocidos con varios premios, incluyendo un Emmy, y el propio Minhaj fue incluido en 2019 en la lista TIME 100 de personas más influyentes del mundo.
Aunque los dos formatos —monólogo e información con humor— tienen el compromiso político y la denuncia en común, su aproximación es completamente diferente.
Patriot Act es un programa de reportajes sobre temas tan variados como la proliferación de armas, la violencia policial o la corrupción en el cricket, donde Minhaj realiza las entrevistas y actúa de presentador, explotando sus dotes cómicas.
Sin embargo, la parte informativa domina. El equipo del programa cuenta con periodistas para la preparación y revisión de los temas, la acreditación de fuentes es una constante y el foco principal es el tema a tratar.
El presentador mantiene los elementos personales al mínimo, aunque saca partido a sus orígenes para legitimarse como voz de las minorías tanto desde el punto de vista político como del cómico.
En cambio, los monólogos sí que descansan en una narrativa autobiográfica sobre las experiencias que ha vivido Minajh como asiático y practicante del islam desde su adolescencia en un Estados Unidos marcado por el 11 de septiembre.
Por un lado, en las partes más exageradas de sus monólogos queda implícita una ficcionalización de las historias. La búsqueda de la carcajada se abre paso tirando la puerta abajo y se adivina el uso de licencias narrativas.
Por otro lado, el hilo conductor de los dos monólogos de Netflix es la denuncia del racismo, islamofobia y otras formas de acoso. La narrativa se articula a través de supuestos hechos graves que dejan al espectador desconcertado, preguntándose el porcentaje de realidad de estos.
Ese equilibrio es complejo y abierto a interpretación, siendo el análisis sobre la veracidad de las historias el elemento que vertebra el artículo del New Yorker del 15 de septiembre.
Para muchos medios que se hicieron eco de la publicación de Malone, el reportaje muestra que Minhaj habría exagerado de manera algo perversa sus experiencias de islamofobia, racismo y amenazas.
La repercusión de la pieza fue tal que Variety reportó que el cómico había perdido la gran oportunidad de ser el próximo presentador de The Daily Show, la cotizada posición para la que parecía tener serias opciones hasta entonces.
Explícamelo. El reportaje del New Yorker es en primer lugar una investigación (fact-check) sobre la veracidad de las supuestas experiencias que relata en sus monólogos a través de testimonios de los protagonistas de sus historias.
En segundo lugar, por medio de conversaciones con otros cómicos y guionistas, reflexiona sobre la importancia o no de que estos relatos sean totalmente reales a la hora de usarlos para el humor. Humor, sí, pero con una carga de denuncia política poderosa.
En tercer lugar, se ponen sobre la mesa las posibles repercusiones que tienen las historias para sus protagonistas, en concreto para una compañera de instituto, su familia y un antiguo informante del FBI.
Minhaj respondió a la petición de un encuentro con la periodista Malone, por lo que su punto de vista incluido en el reportaje en principio permite corroborar su versión y arrojar más luz.
Cuando es preguntado por las partes inventadas o adornadas de sus monólogos, Hasan confirma las averiguaciones del New Yorker y aporta sus explicaciones sobre lo que pasó en realidad.
Minhaj defiende que estas licencias narrativas de sus monólogos son para contar una mejor historia, pero insiste en que todo está «basado en la verdad», en historias que él o los miembros de su comunidad vivieron y que se corresponden con la «verdad emocional».
Además, Malone escribe que Minhaj traza una marcada frontera con Patriot Act, programa donde los hechos contrastados siempre son lo primero para él y su equipo.
En el vídeo-respuesta de YouTube, publicado 40 días después de la pieza periodística, el cómico se sirve de sus explicaciones, así como de correos que pasó a la periodista y la grabación de la entrevista que tuvo con ella para dar su versión.
Indica que acepta el debate sobre su forma de hacer comedia y que está abierto a reflexionar y crecer. También pide disculpas a los espectadores que se hayan sentido «traicionados o dolidos».
Pero considera que sus respuestas han sido manipuladas y que otras acusaciones son incorrectas, como considera que prueban varios correos omitidos en el reportaje.
«¿Es Hasan Minhaj un psicópata en secreto? [...] ¿Es Hasan Minhaj un estafador que usa racismo falso e islamofobia para que su carrera avance?», se pregunta irónicamente Minhaj en el vídeo.
El New Yorker se centra en corroborar tres historias de los monólogos Homecoming King y King’s Jester: la historia del baile de fin de curso, la del informante del FBI y la del sobre con ántrax.
👩🏼🤝🧑🏽 El baile de fin de curso
En la historia central de Homecoming King, Minhaj cuenta cómo, al llegar a recoger a su cita de instituto, la madre le dijo que no quería que su hija, que era blanca, apareciera con él en las fotos.
¿Qué dice el New Yorker? Malone escribe que Bethany (alias de la protagonista) lo rechazó en persona algunos días antes.
El reportaje también sugiere desdén por parte de Minhaj a la hora de proteger la identidad real de la mujer en su monólogo, lo que habría acarreado episodios de acoso para Bethany y su familia.
¿Qué dice Minhaj? En el reportaje, Minhaj acepta que la escena no ocurrió así el día del baile.
Sin embargo, en el vídeo insiste en que la madre dijo eso unos días antes del baile y que la raza fue lo que motivó que no fueran juntos, que era lo que quería plasmar en su historia.
Especialmente vehemente se muestra a la hora de acusar a la periodista de no hacer uso de los correos que compartió con ella. Al repasarlos, defiende que evidencian una buena relación entre Minhaj y la chica ya de adultos, con mensajes de agradecimiento por cuidar su privacidad y la de su familia.
🕌 El informante del FBI
Otra de las historias disputadas es la que, durante su monólogo King´s Jester, relata cómo habría sido víctima de un informante del FBI —Craig Monteilh— infiltrado en su mezquita.
¿Qué dice el New Yorker? El acceso a registros y el testimonio del propio informante confirma que no participó en el episodio descrito, aunque sí realizó actividades de informante más adelante.
Durante la guerra al terror de Bush tras los atentados del 11 de septiembre, varias mezquitas del país fueron espiadas por diferentes agencias estadounidenses.
El reportaje reproduce un ejemplo de un incidente con un supuesto informante, descrito por el presidente de la mezquita de Minhaj.
¿Qué dice Minhaj? Aunque el episodio fue ficcionalizado, comenta que reproduce la sensación que tuvo su comunidad y episodios concretos que sufrieron con supuestos informantes.
El cómico hace referencia a un episodio propio de violencia durante un partido de baloncesto y al encarcelamiento de Hamid Hayat, un musulmán de cerca de su comunidad que alega que confesó coercionado.
«Quería recrear esa sensación que sólo sintieron los musulmanes para el gran público.»
📨 El sobre con ántrax
La última historia hace referencia a un sobre que sospechaban que podía contener ántrax y que habría llevado a su mujer a llevar a su hija al hospital.
Este episodio se enmarcaría en un periodo en el que Minhaj sufría amenazas por un programa de Patriot Act en el que criticaba al régimen de Arabia Saudí.
¿Qué dice el New Yorker? La investigación periodística acredita que la niña no ingresó en el hospital.
¿Qué dice Minhaj? Confirma que la historia no ocurrió exactamente así, pero que sí recibieron en febrero de 2019 un sobre con polvo blanco, el cual habría abierto cerca de su hija.
Muestra, además, mensajes de odio de bots en redes sociales, habla de otros episodios, como una carta con amenazas a Netflix, y sobre la necesidad de contratar seguridad para él y su familia.
💡 La idea
La pieza del New Yorker plantea preguntas muy interesantes sobre los límites de la ficción y la realidad y su uso en la comedia, especialmente si esa comedia tiene un mensaje político.
Minhaj advierte que, para plantearlo de manera justa, Malone debería haber contextualizado su show en relación a otros cómicos y comprobar si es una rara avis.
De su vídeo-respuesta, se desprende que considera injusto el desprestigio que cree que le ha traído este artículo. Más aún, cuando considera que se ha manipulado su predisposición a colaborar con la revista.
Más allá de lo que cada uno opinemos, la aparición e impacto del vídeo de YouTube muestra otra dinámica interesante del nuevo entorno mediático y comunicativo en el que vivimos.
El protagonista del reportaje ha sido capaz de dar réplica a una pieza con la que no estaba de acuerdo, con la posibilidad potencial incluso de superar el número de lectores de la historia original.
En los primeros cinco días, el vídeo ya acumula más de un millón de visualizaciones.
Los medios tradicionales compiten desde hace tiempo con personajes con capacidad de respuesta y difusión: Minhaj tiene más de 1,6 millones de seguidores en YouTube y más de 1,7 millones en Instagram.
Con los muchos medios a su alcance, ha elaborado una respuesta documentada que no depende de otro medio para ser difundida.
En los últimos años, se ha puesto el foco en cómo las redes sociales han favorecido la desinformación, y sin duda esos peligros son reales. Pero quizás en este ejemplo pueden verse algunos de los beneficios que pueden traer al mundo de la información y el periodismo.
Este intercambio muestra cómo la historia del medio puede ser también revisada de manera externa, por lo que puede forzar a las empresas y profesionales a estándares más altos.
Además, un lector interesado tiene ahora más información para formarse una opinión de la historia de Minhaj.
¿Y ahora? La respuesta en forma de vídeo ha tenido impacto en muchos medios que también en su día se hicieron eco del reportaje del New Yorker.
La periodista ha afirmado que está conforme con su trabajo y que la perspectiva de Minhaj estaba correctamente reflejada.
¿Están justificadas las licencias narrativas de Minhaj o engañaba a su audiencia? ¿Mejora el periodismo con las nuevas herramientas de comunicación, o empeora? ¿El lector recibe más información o más ruido? ¿Qué opinas?

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En otro orden de cosas, esta semana Emilio abrirá stream jueves y viernes para seguir la última hora de la invasión terrestre israelí de la Franja de Gaza.
Podrás seguir sus directos a partir de las 19:00 CEST en su canal de Twitch.
Feliz jueves,
Posdata: un poco de empatía, amiga.











